Así entre las dos prepararon el escenario: Se organizaría una cacería, y en un momento determinado se desatarían las furias de los cielos con una gran tormenta. Dido y Eneas estarían separados del resto de los compañeros, y encontrarían una cueva a propósito. Lo demás que iba a pasar lo dejaban en las manos de la naturaleza, y por si no ocurría nada, Juno, la diosa del matrimonio, estaría presente para conseguirlo. Además ella sancionaría aquel matrimonio.
Así fue, tal como lo habían planeado. Virgilio añade que este fue el comienzo de grandes males. Se refiere sobre todo a lo que le aconteció a Dido, y a la enemistad que surgió entre los Romanos y los Cartagineses que fue el motivo de tres grandes guerras. Porque las cosas no quedaron así. Júpiter, el padre y señor de los dioses, no estaba dispuesto a que los destinos de Troya no se cumplieran. Mandó al mensajero de los dioses, a Mercurio, a que recordase a Eneas la misión que le estaba reservada.
Eneas, con todo lo que había vivido y lo a gusto que se sentía al lado de Dido, se había olvidado por completo de que había salido de Troya con el cometido determinado de resucitarla de nuevo.
A pesar de que le costaba mucho, acató la orden de Júpiter, y preparó en secreto su marcha. Pero Dido se dio cuenta: "quis fallere possit amantem?" ¿Quién puede engañar a quien ama?
Todo fueron lamentos, recuerdos de su marido muerto, remordimientos por lo que había hecho. Su hermana trataba de consolarla, pero en vano.
Así fue, tal como lo habían planeado. Virgilio añade que este fue el comienzo de grandes males. Se refiere sobre todo a lo que le aconteció a Dido, y a la enemistad que surgió entre los Romanos y los Cartagineses que fue el motivo de tres grandes guerras. Porque las cosas no quedaron así. Júpiter, el padre y señor de los dioses, no estaba dispuesto a que los destinos de Troya no se cumplieran. Mandó al mensajero de los dioses, a Mercurio, a que recordase a Eneas la misión que le estaba reservada.
Eneas, con todo lo que había vivido y lo a gusto que se sentía al lado de Dido, se había olvidado por completo de que había salido de Troya con el cometido determinado de resucitarla de nuevo.
A pesar de que le costaba mucho, acató la orden de Júpiter, y preparó en secreto su marcha. Pero Dido se dio cuenta: "quis fallere possit amantem?" ¿Quién puede engañar a quien ama?
Todo fueron lamentos, recuerdos de su marido muerto, remordimientos por lo que había hecho. Su hermana trataba de consolarla, pero en vano.