Estaban en guerra los Griegos contra los Troyanos. Llevaban diez años de guerra y había que terminar de una vez. Los Griegos estaban lejos de su patria y parecía que no iban a conseguir vencer a Troya nunca.
Entonces fue cuando a Ulises se le ocurrió la estratagema del caballo: construirían uno enorme, de madera, y se lo presentarían a los Troyanos como si fuera una ofrenda a la diosa Minerva para que los protegiera durante el viaje de vuelta. El enorme caballo ocultaría en su interior los mejores guerreros griegos, que saldrían una vez que el caballo estuviera dentro de la ciudad.
Para que los Troyanos hicieran lo que querían, tenían la colaboración de un actor, llamado Sinón, que les convencería para que metieran el caballo dentro de la ciudad.
Así pues lo dejaron delante de los muros de Troya y se hicieron a la mar. No se fueron del todo, sino que se quedaron escondidos al otro lado de una isla próxima, la isla de Ténedos.
Podemos imaginar la alegría de los Troyanos, que por primera vez en diez años no veían ni el campamento de los griegos en la explanada ni las naves fondeadas en la bahía.
Entonces fue cuando a Ulises se le ocurrió la estratagema del caballo: construirían uno enorme, de madera, y se lo presentarían a los Troyanos como si fuera una ofrenda a la diosa Minerva para que los protegiera durante el viaje de vuelta. El enorme caballo ocultaría en su interior los mejores guerreros griegos, que saldrían una vez que el caballo estuviera dentro de la ciudad.
Para que los Troyanos hicieran lo que querían, tenían la colaboración de un actor, llamado Sinón, que les convencería para que metieran el caballo dentro de la ciudad.
Así pues lo dejaron delante de los muros de Troya y se hicieron a la mar. No se fueron del todo, sino que se quedaron escondidos al otro lado de una isla próxima, la isla de Ténedos.
Podemos imaginar la alegría de los Troyanos, que por primera vez en diez años no veían ni el campamento de los griegos en la explanada ni las naves fondeadas en la bahía.