Desde el inicio de su servicio, el Olympic tuvo una vida accidentada, marca que llevaría prácticamente hasta su retiro de servicio. Su primer capitán fue Edward John Smith, quien a partir del 30 de marzo de 1912 fuera transferido al Titanic, al igual que muchos tripulantes, en parte porque la compañía prefería una tripulación experimentada para el nuevo barco, y en parte porque el buen servicio de los tripulantes del Olympic era requerido por los distinguidos pasajeros de primera clase.