Sin embargo, las riquezas transportadas por el Titanic despertaron la codicia de muchos aventureros, que sin una base científica razonable trazaron toda clase de planes para reflotar el barco, muchas de ellas ridículas, como una en la que se planteaba la posibilidad de emplear pelotas de ping-pong. Las guerras mundiales y los períodos de pos-guerra, retrasaron todos los posibles intentos de rescate del barco que tuvieran pretensiones más o menos serias.