La otra gran dificultad radicaba en que la zona del Atlántico en que se hundió el gran barco, tiene más de 4.000 metros de profundidad, algo que para los medios técnicos de la época representaba una dificultad insalvable. Cabe recordar que, si bien las marinas de varios países del mundo emplearon naves submarinas pocos años después en la Primera Guerra Mundial, se trataba de embarcaciones de tecnología muy rudimentaria y que las posibilidades de inmersión eran mucho menores que las requeridas por tamaña empresa.