La primera dificultad con la que se encontraron quienes intentaron llegar al Titanic, es que poco se sabía de la ubicación exacta del naufragio. Esta dificultad tiene su inicio en los errores cometidos por los navegantes de la propia nave siniestrada, ya que el posicionamiento de las naves en aquellos tiempos se hacía a través de la observación de las estrellas y la hora, lo que implicaba hacer ajustes en los relojes al pasar por los cambios de hora. Un error en el ajuste de los relojes provocó que los barcos que trataban de llegar a la zona del desastre para asistir a las víctimas se vieran retrasados por un error de 22 kilómetros en la transmisión de la posición del Titanic y por ello resultara una tarea muy dificultosa la ubicación de los restos.