El 14 de abril, a las 23 y 40, un vigía anuncia el avistamiento de un iceberg frente a la nave a unos 600 metros de distancia. El piloto, en una maniobra exclusivamente instintiva, pero técnicamente incorrecta, da la orden de virar todo a estribor, a la vez que ordena poner las máquinas en reversa. El problema comenzó a suscitarse cuando, debido a la inversión de los motores, la nave perdió parte de la posibilidad de virar, ya que el timón ve limitado su accionar debido a las corrientes contrarias dadas por las poderosas hélices.