Durante los primeros días, el viaje resultó placentero y sin mayores novedades. Sin embargo, el 13 de abril comenzaron a llegar informes de embarcaciones que se encontraban en la zona, de que se estaban avistando grandes bloques de hielo. Sin embargo, los sucesivos turnos de tripulantes hicieron caso omiso o dieron escasa importancia a los anuncios realizados por otras embarcaciones. El capitán Smith, consciente del peligro, da la orden de redoblar la guardia y solicita al vicepresidente de la compañía, que se encontraba a bordo, aminorar la marcha, lo que no le es concedido ya que consideró que se trataba de una alarma exagerada.