Esto constituía una grave amenaza para la compañía competidora, por lo que la White Star Line se avocó a construir una serie de barcos que pudiera competir con las flamantes incorporaciones de la Cunard Line. Pero a diferencia de aquella, que dio mayor importancia a la velocidad del transporte, la White Star Line pensó que el mayor rédito de los cruces interoceánicos se encontraba en la comodidad y el lujo de los pasajeros de primera clase, quienes podrían hacer el viaje en varias oportunidades, mientras que los pasajeros de segunda y tercera clase normalmente realizaban el viaje una sola vez en su vida. Teniendo en cuenta esto, favoreció el desarrollo de los nuevos barcos centrando su diseño en la comodidad, el lujo y la cantidad de pasajeros, dejando la velocidad en un segundo plano.