Esta demanda de viajes interoceánicos provocó que se formaran grandes compañías navieras que realizaron gigantescas inversiones en tecnología, acrecentar la capacidad de transporte de los buques, su velocidad y brindar las máximas comodidades a los viajeros de primera clase. Surgieron de este modo una serie de transatlánticos lujosos y muy grandes, dotados de los mayores adelantos tecnológicos de la época.