Debido a las condiciones climáticas extremadamente duras de las regiones que se encuentran en el interior de los círculos polares (Ártico y Antártida), la mayor parte de ellas ha permanecida deshabitada durante la historia de la humanidad. Salvo por algunas poblaciones de muy baja densidad ubicadas en el norte del continente americano, en Laponia y en la región más norteña de Siberia, sin que se adentren mucho en el interior del Círculo Polar Ártico, el resto de esos territorios ha permanecido totalmente deshabitado por seres humanos.