En 1871 se publicó el Tomo I de la nueva obra, “El Origen del Hombre”, que ya no levantó las mismas críticas que su antecesor, salvo las de aquellos que, a pasear de reconocer hasta cierto punto que la especie humana podía haber evolucionado, permanecían en la creencia de que el alma era creación divina. Este mismo año se editó por sexta vez “El origen de las especies”, incluyendo una respuesta de Darwin a uno de sus críticos, George Mivart, en la que se usa por primera vez la palabra “evolución”.