Mientras todo esto sucedía en el ámbito científico, la iglesia estrechaba filas para defender la teoría bíblica de la creación de los animales y el hombre. Los naturalistas que adherían a las nuevas ideas formaron entonces el llamado “Club X”, con el propósito de discutir ideas científicas sin la intromisión del clero. El club permaneció activo entre 1864 y 1892. Muchos de sus miembros tenían influencia en la Royal Society y fue así que, gracias a su nominación, Darwin fue galardonado con la Copley Medal, a pesar de la oposición de los miembros más antiguos de la Asociación.