Al día siguiente se produce un hecho que motiva a la tripulación. Comienzan a aparecer en el agua, y cada vez más frecuentemente, restos vegetales, señal inequívoca de presencia cercana de tierra. Es así que el ánimo crece y todos otean el horizonte en forma permanente. A la hora 2 del día 12 de octubre, el marinero Rodrigo de Triana, marinero que se encontraba en el puesto de vigía de “La Pinta”, que en ese momento se encontraba liderando la marcha, avista tierra. Tal como se había convenido, el capitán de la pinta hace disparar un cañonazo para dar aviso a las otras naves. Se acercan un poco más a la costa, y se detienen a la espera del amanecer.