. Una delegación de diplomáticos italianos lo aprendió en carne propia cuando cortésmente se negaron a sacarse el sombrero en presencia de Dracul; esto enfureció al príncipe y ordenó se le clavasen los sombreros en el cráneo usando piezas de plata y un gran martillo. Vlad recorría el castillo de noche disfrazado, viendo que hacían todos sus sirvientes; cuentan las crónicas contemporáneas que una noche el príncipe mandó llamar a unas de sus sirvientes a su habitación, al día siguiente, sobre el lecho de Vlad, se encontró el cadáver de la joven completamente desangrado, pero sin el más mínimo rastro de violencia en su cuerpo. La madre de la joven, que también pertenecía a los sirvientes del castillo, murió dos años después atormentada con la idea que su hija venía todas las noches a su cuarto e imploraba que le diera descanso eterno.