Allí es donde comienzan los problemas más serios para Juana. Felipe, su esposo, intenta demostrar que su esposa no esta en su capacidad mental como para poder gobernar. Delante de Juana y de todo el mundo hacía notar que era el padre de sus hijos, uno de los cuales estaba en la línea sucesoria, y que todo esto lo habilitaba para gobernar. Se entabla más que la lucha por la sucesión, un enfrentamiento entre dos razas y dos dinastías. Muchas veces, Juana flaquea por amor, otras se pone abiertamente en contra de las ambiciones de Felipe, no sabe por quien tomar partido: por su padre o por su esposo, hasta que finalmente la solución viene de manera inesperada.
Un frío día de septiembre, cuando ya hacía dos años que gobernaba el reino, Felipe buscó un poco de distracción en Burgos.
Un frío día de septiembre, cuando ya hacía dos años que gobernaba el reino, Felipe buscó un poco de distracción en Burgos.