Desapariciones: Parece ser que en el pueblo de Ochate o en sus cercanías, a lo largo de los años han sucedido multitud de desapariciones. Casualidad o no, lo cierto es que éstas se han convertido en parte esencial de la historia de este pueblo burgalés, provocando el temor en las aldeas vecinas. De entre estas desapariciones, dos son las más destacables, ya que fueron la primera y la última desaparición ocurridas en Ochate. La primera desaparición fue la de su párroco, Antonio Vilegas, quien una fría mañana de Noviembre de 1868 desapareció sin dejar rastro, mientras ayudaba en la reconstrucción del pueblo, que había sido bruscamente azotado por el tifus. Varios vecinos confesaron haberle visto subir por la explanada que llevaba a la iglesia, pero jamás regresó. Varios días más tarde, fue puesta la denuncia de desaparición. Nadie se explicaba el por qué de su desaparición, y todos afirmaron que no existía razón alguna para que el párroco se fuese sin dejar rastro, y dejando a tantos enfermos y tanto trabajo por hacer. Aún así, y extrañado de la desaparición, el arzobispado de Burgos continuó enviando durante varios meses los honorarios de Antonio Vilegas. No se volvió a saber de él. Ciento doce años más tarde, el 20 de Agosto de 1970, se sucedió la segunda desaparición extraña en las cercanías de Ochate: un joven agricultor llamado Juan Peché fue quien desapareció sin dejar rastro. Nadie sabía lo que había ocurrido, y sus vecinos declararon que su comportamiento había sido normal. Además, y esto fue lo más intrigante, en su casa se encontró la comida a medio hacer, enseres personales suyos, ropa, dinero, etc. Treinta y cuatro son los años que han transcurrido desde su desaparición, y aún no se sabe nada de él.