Tras las investigaciones de Garrison, él dedujo que el magnicidio fue un golpe de estado para eliminar a Kennedy del gobierno de los EE. UU. La CIA organizó todo y culpó a Oswald al que se le atribuyó toda la operación como si la pudiera haber realizado de manera individual. Los miembros de la Comisión Warren, por lo tanto, fueron engañados y el FBI y la CIA consiguieron ocultar su participación en el asesinato de Dallas.