Según cuenta la tradición, otros seis de los acusados fueron quemados en efigie debido a que murieron en los interrogatorios. El resto de procesados fueron reconciliados tras pedir perdón por sus pecados y mostrar un profundo arrepentimiento. Las jueces hicieron gala, según las crónicas, de una extraordinaria misericordia con los reos. O eso trataron de aparentar, ya que las condenas fueron “ejemplarizantes”.