FREILA: Con una rapidez extraordinaria y un agudo sentido comercial,...

Con una rapidez extraordinaria y un agudo sentido comercial, Essig durante largos años inunda Europa y el resto del mundo de ejemplares denominados Leonberger. Desde el zar Nicolás, al emperador Napoleón III y hasta países como Austria, América, Japón y un largo etc. Los Leonberger comienzan a presentarse en exposiciones como Hambourg, donde obtienen los primeros premios individuales y en grupo. Hombres de ciencia como los doctores Haring y Jacer ensalzan la imagen de su excelente figura. Hoy por hoy todavía se encuentran litografías antiguas ejecutadas a partir de los lienzos de los pintores animalistas de la época: Specht, Lautemann y Beckman, donde podemos comtemplarlos. Según diversos eruditos, Essig quería combinar las cualidades de varias razas de montaña hasta llegar a encontrar su perro "ideal". Parece ser que su objetivo era solamente la venta de sus ejemplares a precios asombrosos para la época, promocionándolos hábilmente, situando ejemplares en casas de personajes de la alta sociedad y en países donde no había ninguna información de la utilización de razas de montaña, no pudiendo de esa manera verificar la autenticidad de la raza. Esto se venía a unir a que Essig no entregaba ni estándar, ni pedigree, ni ninguna documentación, cosa realmente extraña, pues la entrega de documentaciones ya se practicaba en la segunda mitad del siglo XIX para la mayoría de las razas. Después de la muerte del consejero municipal Essig la gloria del Leonberger disminuiría vertiginosamente, no por defectos de la raza, sino por razones de cambio de moda. Un articulo de un periódico austriaco del 25 de Marzo de 1870 daba fe de la alta consideración que la emperatriz de Austria Elisabeth (1837-1898) tenía de la raza Leonberger: "su majestad la emperatriz, desde su regreso de Roma, posee un magnífico perro Leonberger". Hay que reseñar que, según relato de la época, este Leonberger tenía un manto blanco deslumbrador, salvo las orejas morenas o castaño oscuro. Por lo tanto el color no había sido fijado aún en dichos años de 1846 a 1870. Como conclusión, para no extendernos mucho, la tesis que más se aproxima a la realidad, o mejor dicho, la más admitida, situaría el origen del Leonberger con el Dogo del Tibet y con posteriores aportaciones del Terranova y del San Bernardo.