La raza Leonberger toma su nombre de la ciudad alemana de Leonberg, situada en la región de Wuntemberg, a escasos 15 kilómetros de Stuttgart. Desde tiempos inmemoriales tienen lugar en esta bellísima y medieval ciudad un tradicional e importante mercado del caballo, y asiduamente en esa época se veían ejemplares de esta raza presentados para su posterior venta. Igual que en otras muchísimas razas, el origen exacto del Leonberger permanece en el más oscuros de los mundos. No se puede precisar exactamente la época en que el Leonberger fue sumiso a la voluntad del hombre, pero de todas maneras la domesticación se remonta a tiempos muy lejanos. Cierto es que no se puede hablar de la raza Leonberger sin hablar del Dogo del Tibet. Marco Polo ya habla en sus escritos de viajes, a su regreso del Tibet (1729), de este gran Dogo del Tibet en su visita a la corte del Gran Mongol, manifestando que eran grandes como asnos y que perfectamente podrían haber sido acariciados por el veneciano. Este gran moloso de montaña existía, y existe todavía, en numerosas localidades de la cordillera del Himalaya, según la mayoría de los grandes expertos, le sitúan como ancestro de los molosos actuales.