Y es que el Retriever Dorado no es solamente un buen “cobrador”. Da lástima ordenarle que se lance al agua con su maravilloso pelaje o exponerlo a los peligros de la maleza. En consecuencia, el público lo eleva de categoría y lo convierte en perro doméstico, de lujo o compañía. Es leal, inteligente y amable, su tamaño y su fuerza se imponen, y su papel de guardián queda establecido. Pero no se acaba aquí su utilidad. No es tímido ni agresivo, sino obediente y fácil de enseñar. Y realiza el papel más humanitario de su vida: se transforma en perro lazarillo. ¿Puede pedirse algo más al Retriever Dorado?