elde: la ciudad de las brujas
La ciudad de las brujas se ha ganado injustamente este apelativo basado en equivocas leyendas y supersticiones populares. Durante el siglo XVI, en que actuó el Tribunal de la Santa Inquisición en Canarias, sólo fue quemada en la hoguera una supuesta bruja, menos de las que ardieron en la capital.
Sin embargo, la Ciudad de los Faycanes, influida por una importante población aborigen, esclavos negros que practicaban una suerte de magia negra y medicina natural, y la población castellana, de origen judaica y árabe, fue poco a poco creando un pozo de sincretismo místico y religioso, que, mezclado con la superstición de quien busca explicaciones fenomenológicas a la vida, dio origen a la leyenda.
En Arucas la hoguera se convierte en elemento casi artístico, de manera que, cada año, el municipio convoca a todos los vecinos a un concurso en el que el fuego es el jurado inapelable y las bases la seguridad del crematorio y su decoración con motivos propios de San Juan, el tamaño de la obra, la limpieza de las llamas y, sobre todo, lo que se quema.
No se debe quemar maderas útiles, y mucho menos árboles, valorándose, eso sí, la elaboración de monigotes y brujas en los que expiar los pecados y los malos deseos. Los premios, lo menos importante a pesar de llegar a las 25.000 pesetas, se reparten tras la tradicional y sabrosa quema de piñas de millo y la parranda al calor de las llamas.
La ciudad de las brujas se ha ganado injustamente este apelativo basado en equivocas leyendas y supersticiones populares. Durante el siglo XVI, en que actuó el Tribunal de la Santa Inquisición en Canarias, sólo fue quemada en la hoguera una supuesta bruja, menos de las que ardieron en la capital.
Sin embargo, la Ciudad de los Faycanes, influida por una importante población aborigen, esclavos negros que practicaban una suerte de magia negra y medicina natural, y la población castellana, de origen judaica y árabe, fue poco a poco creando un pozo de sincretismo místico y religioso, que, mezclado con la superstición de quien busca explicaciones fenomenológicas a la vida, dio origen a la leyenda.
En Arucas la hoguera se convierte en elemento casi artístico, de manera que, cada año, el municipio convoca a todos los vecinos a un concurso en el que el fuego es el jurado inapelable y las bases la seguridad del crematorio y su decoración con motivos propios de San Juan, el tamaño de la obra, la limpieza de las llamas y, sobre todo, lo que se quema.
No se debe quemar maderas útiles, y mucho menos árboles, valorándose, eso sí, la elaboración de monigotes y brujas en los que expiar los pecados y los malos deseos. Los premios, lo menos importante a pesar de llegar a las 25.000 pesetas, se reparten tras la tradicional y sabrosa quema de piñas de millo y la parranda al calor de las llamas.