Así pues, no es de extrañar que el ojo desde tiempos inmemoriales haya sido considerado como el principal transmisor de energías ya sean positivas o negativas del alma humana. Existen protectores de envidia desde tiempos inmemoriales como el ojo de Casiopea, o el ojo de Horus, porque desde que el mundo es mundo han existido Caín y Abel, blanco y negro, luz y sombra, amor y oscuridad.