Una palabra, un deseo potente, la envidia, y sobretodo, nuestras propias inseguridades pueden provocar efectos nefastos en nosotros mismos además de un perjuicio para la colectividad. Nuestro primer contacto con el entorno se concreta mediante la vista, por eso dicen que una mirada vale más que mil palabras, y es cierto. Los ojos delatan a una persona si es pacifica o agresiva; si es coqueta o lasciva, si rabiosa o envidiosa, timida o provocadora.