A principios del siglo XX, hubo un mestizaje masivo de Galgo y Greyhound o Lebrel Inglés. Con ello se pretendía conseguir animales más rápidos con los que competir en los canódromos, muy de moda en esa época. Esta circunstancia puso en peligro la pureza de la raza, sin embargo tras el reconocimiento oficial de la misma, ésta pudo recuperarse gracias al elevado número de ejemplares puros que quedaban en manos de galgueros y cazadores.