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Cuidados del Carlino

Como otros parientes chatos, el Carlino emite unos ruidos bastante peculiares similares a ronquidos y es frecuente que se ponga a estornudar sin que esto signifique que se ha resfriado: su hocico aplastado resulta encantador, pero acarrea algunos pequeños inconvenientes que, sin embargo, no tienen por qué ser sinónimo de enfermedad.

Casi todas las razas que han sido “encogidas” presentan numerosos problemas de salud hereditarios y en esto el Carlino no es una excepción. Los más graves deben ser evitados en lo posible eligiendo un cachorro de padres libres de antecedentes de labios y paladares partidos, dislocación de piernas y malformaciones nasales que provoquen sinusitis y dificultades respiratorias.

Los cuidados básicos de un Carlino sano son sencillos, pero es necesario ser constante en la vigilancia de los ojos, que deben estar limpios y sin arañazos, y de la piel manteniendo los pliegues limpios, secos y sin irritaciones.

El Carlino come muy bien, a veces demasiado bien, y es vital controlar su alimentación para prevenir problemas cardiacos derivados del sobrepeso. La obesidad, además, le hace aún más vulnerable al calor excesivo.

Esta pequeña bomba de alegría y cariño es bastante longeva, por lo que derrochará vitalidad durante al menos 12 años.