Una leyenda cuenta que se tratan de legionarios romanos petrificados en su formación cuando perseguían a San Cornelio. Otros dicen que es el fósil de una descomunal serpiente que se habría arrastrado por la Bretaña francesa en tiempos inmemoriales. Incluso hay quien se ha atrevido a afirmar que en realidad son balizas de señalización para navegantes espaciales.