En aquella época las hembras que nacían eran sacrificadas al nacer, y únicamente conseguían sobrevivir aquellas que presentaban una gran vitalidad, ya que eran utilizadas para la reproducción. Los machos Husky que nacían también tenían que pasar una prueba de aptitud, corriendo la misma suerte que las hembras, ya que los chukchi eran muy estrictos. Los elegidos, en cambio, eran tratados de forma excepcional, con los mejores cuidados y la mejor alimentación.