Jesús Berecibar dirigió y en gran parte ejecutó personalmente los altares, confesionarios y púlpitos en los que aparecen talladas las caras de los niños fallecidos. Hay que agregar el empanelado, suelos y dormitorios, todo ello utilizando las ricas maderas de la zona. Este edificio está considerado monumento artístico nacional y fue inaugurado por el entonces Presidente de la República de Venezuela, Dr. Rafael Caldera.