Su bajo salario hace que tenga problemas con el pago de la renta. Su casera, a quien no le resulta simpático, acaba echándole. Sin cama y sin dinero, Charlie piensa que la única manera de salir adelante es a través de una vida criminal y fantasea con robar un banco. La gota que colma el vaso es cuando intenta comprarle a Caril un perro de peluche en una gasolinera. Sin dinero, le pide dinero prestado al encargado, Robert Colvert, quién se lo niega.