Su quinta víctima mortal, Jayne Macdonald, desconcertó a la policía, pues era una estudiante de 16 años, no una prostituta como el resto. Esto horrorizó a la población, que pedía la horca para el Destripador. La policía se temía lo peor y advirtió a la población femenina, ya nadie estaba a salvo del destripador.