Exiliado en la isla de Capri, se entregará libremente a cumplir con todos sus deseos, dejando atrás cualquier atadura, dando rienda suelta a todos sus vicios hasta entonces más o menos controlados y ocultos. Así se desarrollaría su estancia en tan paradisíaco lugar hasta el último momento de su existencia, instalando una escandalosa corte en la que tenían lugar desenfrenadas orgías durante las que los protagonistas —y las víctimas también— eran niños y adolescentes con los que el selecto emperador practicaba y ensayaba todas las sevicias de las que su imaginación era capaz.