Julio César era hijo de Tiberio Nerón y de Livia Drusila, después mujer de Octavio Augusto, siendo adoptado por éste, al que sucedió en el trono imperial ya en plena madurez – a la edad de 55 años– en el año 14, con el nombre de Tiberio Julio César. Cuando nació el astrólogo Escribonio predijo que “aquel niño tenía al destino de su parte” y que llegaría a ser todopoderoso en la gobernación de Roma. Fue adoptado por el senador M. Galio, quedando huérfano de padre a los 9 años. A diferencia de los astros, según los cuales el destino le reservaba un porvenir espléndido y triunfal, su profesor de retórica Teodoro de Gadara, vio en su pupilo algo muy distinto: su alumno era «lodo amasado con sangre».