Una de las técnicas más utilizadas en la ornamentación de objetos fabricados con vidrio es el tallado, es decir, las operaciones para hacer variar su exterior, lo que habitualmente es un trabajo de notable complejidad, no solo por su contenido artístico, sino por sus características especiales, como fragilidad, lo que a pesar de su dureza, no permite someterlo a esfuerzos de cierta importancia. Todo ello obliga a que el trabajo deba realizarse lentamente, arrancando pequeñas cantidades de material de las partes que se necesitan rebajar. La decoración posterior, en muchos casos con llamativos colores, obliga a superar dificultades adicionales.