Fritz Haarman no fue un ejecutor solitario. Con él trabajaba Hans Grans a quien conoció en 1919. Se dice que unos quinientos homosexuales de Hannover - fascinados por la personalidad del Vampiro - aguardaban ansiosos el momento de ejecutar sus órdenes. Por su parte, Haarman y Grans elegían a sus víctimas entre los homosexuales que se reunían en los cafés gay de Hannover: El Café Kröpcke - adonde acudían los muchachos de altos recursos económicos - y el café Zur Schwülen Guste, que se encontraba en el otro extremo de la escala social. El vampiro y su acompañante incondicional abordaban a los jóvenes y la conversación con ellos concluía de manera invariable con una cita en su casa.