La historia de este vampiro era cíclica: Lo arrestaban y salía libre una y otra vez. En 1918 estaba fuera de la cárcel en una Alemania sacudida por la guerra. Puso una taberna de baja categoría, donde vendía carne e información secreta que le aportaba dinero extra. Eso, durante el día. Por las noches se paseaba en las salas de la estación central de Hannover, y siempre recogía a algunos muchachos que en su mayoría eran refugiados o fugitivos de las zonas más castigadas por la guerra. Haarman lograba ganarse su confianza e invitarlos a su casa.