Acabado el juicio, culpable como sentencia, fue condenado a la máxima pena. El 25 de febrero de 1922 salía del patio de la Prisión de Versalles, descalzo y con camisa hacia la guillotina. Poco después, rodaba su cabeza en el cesto de serrín. Fue condenado "sin pruebas", sólo con pruebas circunstanciales: su cuaderno de notas y el horno donde las incineraba. Años más tarde se hallaron muchos cadáveres hechos trozos en los alrededores de la casa.