Cabía esperar que acudieran a tal célebre acontecimiento multitud de espectadores y para suerte de Holmes, mujeres guapas, ricas y solas. Holmes no podía desaprovechar la oportunidad del evento y gracias a una serie de estafas adquirió un terreno y emprendió la construcción de un enorme hotel para satisfacer las necesidades de la ciudad con el aluvión de gente que necesitaría de un tranquilo y acogedor hospedaje en su hotel, concebido como si de un castillo se tratase, con cierta estética de fortaleza medieval. El interior del hotel lo diseñó él mismo. En cada una de las habitaciones se escondían trampas y puertas correderas que daban a un laberinto de pasillos secretos desde los cuales, por unas ventanillas visuales disimuladas en las paredes, el doctor podía observar a escondidas el vaivén de sus clientes y sobretodo sus clientas. Las habitaciones estaban insonorizadas y algunas no se podían abrir desde dentro. Las mujeres quedarían atrapadas tras un panel de cristal en un compartimento hermético en el cual, Holmes bombearía con el gas mortal. El cuerpo sería enviado después al sótano a través de una rampa que desembocaría en las tinas de ácido y cal, y en el centro del sótano una mesa de disección donde cortaría los cadáveres quitando los órganos principales. Después Holmes vendería los esqueletos blanqueados a las Universidades de Medicina.