A los 18 años se casó con Clara Louering, una chica joven y además rica, quien pagaría sus estudios de medicina, arruinaría, y después, una vez obtenido con lustre su diploma en la Universidad de Michigan, la abandonaría por una guapa viuda que se complacería sus necesidades gracias a las rentas de su respetable casa de huéspedes. Siendo ya médico, dejó sin pena a aquella segunda conquista.