No fue sino hasta que se le amenazó con excomulgarle que Rais decidió confesar allegándose total culpabilidad en los crímenes detallandolos y revelando una cifra de casi 200 niños y adolescentes muertos para satisfacer sus depravaciones, negando que nadie más hubiera participado de ellas, si bien era evidente que trataba de proteger a los que le sirvieron y colaboraron en sus crímenes. Guilles de Rais y dos de sus más activos ayudantes fueron sentenciados a muerte, antes de ser colgado Rais se disculpó públicamente ante el pueblo por sus acciones, además de recomendar que nadie siguiese su ejemplo ni se sumiese en la perversión en que se sumió él, aferrado a su devoción católica fue colgado y quemado en la hoguera; por petición de los familiares el cuerpo parcialmente quemado fue retirado del fuego para enterrarsele.