Guilles abandonó a su esposa y única hija y se retiró a sus varias propiedades donde daría carta abierta a la celebración de cuanto festejo absurdo y desmedido fuera posible permitiéndo el desenfreno de los asistentes, esto comenzó a menguar su fortuna pues los gastos y extravagancias que Guilles costeaba para sus residencias y las fiestas que en ellos se realizaban requerían sumas considerables aunado a ello la continuidad de dichos eventos. Para tratar de obtener más riquezas Guilles recurrió a la ayuda de alquimistas que pudieran enseñarle a materializarlo de la nada a través de la piedra filosofal, por supuesto, todos ellos eran charlatanes que sólo buscaban formas de explotar al desesperado Marqués, uno de ellos y el que más impacto causaría en la vida del Marqués, sería Francesco Prelati quien lo inició en la magia negra y le indicó que para poder recuperar la fortuna despilfarrada debía sustentar un contrato con el mismo diablo, evidentemente esta era otra charlatanería sin embargo hasta estos días sorprende su ingenuidad y credulidad, pues se había distinguido en su época por su gran inteligencia y conocimientos.