En 1990, contraen matrimonio Karla y Paul, jóvenes, guapos y aparentemente encantadores. Iba a ser una
boda increíble: sus
familias y
amigos nunca la olvidarían. En la histórica
iglesia en el Niágara, con
carro de
caballos blancos, champán, delicioso faisán, boda para una reina.