Los primeros indicios de que un asesino estaba operando en la parte oriental de la ciudad de Washington, llegaron el 22 de febrero de 1990, un jueves, sobre las 8:30 de la mañana cuando la división de homicidios del Departamento de Policía de Spokane recibió una llamada donde se les informaba de la existencia de un cuerpo desnudo de una joven mujer negra que yacía en un embarcadero del Río de Spokane. Los investigadores, al ver el cadáver dedujeron que la joven había recibido varios impactos de bala, y que el tamaño de las heridas sugería que el autor de los disparos utilizó una pistola de pequeño calibre.