La mujer de 47 años confesó que los cadáveres hallados en la antigua propiedad de sus padres pertenecían a dos de sus hijos. Y fue aún más explícita: había otros seis bebés enterrados entre el prado y el garaje de su propio hogar. En los siguientes días perros entrenados para realizar búsquedas subterráneas localizaron los cadáveres, también minuciosamente envueltos en bolsas de nailon. Cottrez dejó caer aún un dato más para agrandar el macabro descubrimiento. Quizás haya otros cuatro más, porque con el tiempo perdió la cuenta.