El horror comenzó a destaparse el pasado sábado 24 de Julio del 2010. Parecía una apacible mañana de jardinería en una vivienda unifamiliar de la localidad francesa de Villers-au-Tertre. Una pareja que acababa de comprar el chalé se disponía a plantar un árbol cerca del porche. Bastaron varios golpes de azada para toparse con dos bolsas de plástico con los restos de otros tantos bebés en su interior. Superado el espanto inicial, los nuevos propietarios acertaron con marcar los números que pronto llevaron hasta el lugar a varias patrullas policiales. El terror sólo había dado sus primeros pasos.