Una vez en tierra, el comportamiento social de los hipopótamos se modifica por completo; las relaciones de dominio desaparecen como por ensalmo y los animales se limitan a seguir los senderos balizados por excrementos que, contrariamente a lo que sucede en el hábitat diurno, no son marcas territoriales sino puntos de referencia para orientarse durante la noche. Al final de estas pistas balizadas, ramificadas en su extremo, se sitúan los pastos comunales que, por lo general, se extienden a no más de 3,2 km del agua. En condiciones de escasez, sin embargo, los hipopótamos, solos o en pequeños grupos, pueden llegar a aventurarse hasta unos 10 km más allá de la orilla, especialmente si tras la primera zona de pastos encuentran cenagales o charcas que les sirven de refresco.