Aunque los machos dominantes pueden mantenerse en el poder hasta doce años –como sucede en los lagos y otros emplazamientos estables-, la única relación realmente perdurable entre hipopótamos es la que se establece entre las hembras y sus crías. En agrupaciones de mayor tamaño, el macho dominante, que en condiciones favorables puede llegar a reinar sobre 50 o incluso 100 m de orilla fluvial –y hasta sobre 500 m de orilla lacustre-, establece su territorio en las mejores zonas ocupadas por el rebaño y lo marca regularmente con sus defecaciones.