Muchas de estas hembras, y especialmente las que viven en el flanco occidental de Fernandina, no sólo tienen que sufrir hasta el borde del cráter sino que, además, habrán de descender luego hasta las profundidades del volcán. Incluso tienen que hacerlo las que se aparearon al pie del volcán, lo que significa que deberán recorrer, en total, una distancia de más de 154 km a vuelo de pájaro en el menor tiempo posible. La cumbre del cráter está situada a unos 1.500 m sobre el nivel del mar y para llegar hasta ella hacen falta varios días, quizá más de diez si las condiciones meteorológicas no son favorable.