Si son territoriales (machos T), realizan un elaborado cortejo; si no lo son (machos N), las consiguen imponiéndose a las hembras; y si son potencialmente territoriales (machos P) adoptarán una u otra estrategia según consigan o no adquirir un nuevo territorio. Las diferencias individuales en el comportamiento se reflejan en una gran flexibilidad en el caso de los machos, que cambian rápidamente de una estrategia a otra si con la primera no consiguen atraer a las hembras. Las hembras, por su parte, son más sutiles en la expresión de su comportamiento y pese haberla estudiado durante tres años, Dagmar Werner no logró descubrir si utilizaban o no estrategias concretas. Lo que sí pudo observar es que, por lo general, las hembras escogen a los machos.